jueves, 20 de agosto de 2015

"Sed de mal"("Touch of evil") de Orson Welles

Película estadounidense, de 1958, del director Orson Welles (1915-1985), actor, guionista y autor también  de "Ciudadano Kane", "The Magnificent Ambersons", " Campanadas a medianoche", "El extraño", "La dama de Shangai", "El proceso",  "Macbeth", "Otelo"...
Vista de nuevo en la filmoteca de  Valencia, en julio de 2015.
La película presenta el enfrentamiento entre el capitán Hank Quinlan (Orson Welles) y el mexicano Mike Vargas, alto funcionario antridogas (Charlton Heston), por la jurisdicción sobre una explosión ocurrida en la frontera entre México y E. Unidos, y por los métodos poco ortodoxos de Quinlan.
A partir de aquí, y con una trama en la que se ve implicada la mujer de Vargas, que es secuestrada por una banda de delincuentes mejicanos, iremos conociendo poco a poco la personalidad de Quinlan, su pasado como buen policía, antes de la muerte de su mujer, y cómo su deseo de venganza le hizo olvidarse de las buenas prácticas. Quinlan/Welles irá cobrando protagonismo, con su presencia imponente en la pantalla en ese descenso al infierno al que se ve abocado. Es Marlene Dietrich (estupenda secundaria), con su mirada enigmática, como testigo de su pasado, la que hace evidente esa decadencia.
Junto al tema central de la venganza y la maldad, hay otros no menos interesantes como el ambiente de frontera: su conflictividad y fragilidad, las actuaciones policiales, la corrupción y la delincuencia organizada... y, por encima de todo, el tema que obsesionaba a Welles y que aparece en gran parte de sus películas: el fraude, el engaño entre lo que somos y parecemos.
Técnicamente no tiene desperdicio: desde el plano secuencia que abre la película, la fotografía en claroscuros, con predominio de escenas nocturnas, la música de Mancini, los excelentes actores: Janet Leigh, Joseph Calleia, Dennis Weawer... además de los ya citados.
Como en otras películas, Welles tuvo problemas con la productora y se hicieron hasta 3 versiones distintas, y la última recoge los cambios propuestos por el director.
Considerada como la última gran película de cine negro, y una de las mejores de O. Welles. De visión obligada.

 




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